Y simplemente sucedió. No pudimos evitarlo. Lo arruinamos todo con saliva y sudor y jadeos. Se acabaron las sonrisas, las estafas, hasta las conversaciones largas y las tardes sentados en las escaleras.
A cambio vinieron horas y días enteros de sexo enardecido, de cicatrices, de celos.
Pronto ya no quedó nada de nosotros.





